Desde chiquito, he disfrutado de comer, prácticamente de todo, para las suerte de mis padres era un niño con pocos limites a la hora de comer, hasta el punto que he sido el de elegir los platos más caros cuando solo tenía 7 años.
Mi madre me llevaba después del colegio a un restaurante donde comía una semana chivito y en la siguiente ranas provenzal. Y de recuerdos así tengo millones, la comida siempre ha sido un eje central, la disfruto.
Disfruto el descubrir distintos sabores, combinaciones, texturas, y a pesar de tener 27 años, se que hay un millar por descubrir aun y eso me fascina. Pues era cuestión de lógica que aparte de descubrir me gustase crearlos, experimentar, desde chico ayudaba a mi madre a cocinar y mi abuela me regalaba libros de cocina para que aprendiera.
Verán para mi cocinar es como un arte, el más antiguo que existe, y es el mas intrínseco con nuestra existencia, pues es del único que nuestro cuerpo se alimenta y se nutre literalmente, pero también comparte la capacidad de alimentar el alma que otros artes poseen como la pintura y la música.
Porque el cocinar no es solo tirar un trozo de carne al sartén, es todo el ritual que la acompaña, desde la alquimia que realizamos al transformarla en un plato, hasta la gente con quienes la comes.